En
las últimas tres décadas la cosecha mundial
de madera ha crecido a una tasa promedio del 1.8% anual.
Ese ritmo deberá acelerarse para poder satisfacer
adecuadamente la creciente demanda originada por el aumento
exponencial de la población mundial y por el mejoramiento
de las condiciones de vida en diferentes partes del globo,
todo lo cual provocará -inevitablemente- una mayor
presión sobre los recursos forestales del planeta.
Pero aunque esos recursos son de magnitud ciertamente
considerable, existen factores restrictivos para la
explotación plena de ellos. Entre esos factores
se encuentran las dificultades de accesibilidad y la
falta de infraestructura para aprovechar los recursos
forestales en vastas extensiones del planeta, los bajos
rendimientos de algunas especies que no justifican el
desarrollo de operaciones comerciales, el proceso de
deforestación que alcanza tasas superiores a
los 15 millones de hectáreas al año y
las crecientes acciones medioambientalistas en favor
de la preservación de los recursos naturales.
Todo esto pone en duda la posibilidad de que la creciente
demanda mundial pueda ser efectivamente cubierta.
Entre tanto, el escenario de fin de siglo se encuentra
fuertemente marcado por cambios significativos en la
estructura de la oferta mundial de madera. Por un lado,
productores tradicionales como Estados Unidos, Canadá
o Malasia están cediendo cada día terreno
a naciones emergentes en materia forestal, como Nueva
Zelanda, Sudáfrica, Brasil y Chile donde la productividad
es superior. Por otro, algunos países tradicionalmente
exportadores de materias primas forestales han desarrollado
una industria de la madera con la finalidad de exportar
productos con mayor valor agregado (Sudeste Asiático),
con la consiguiente caída de las exportaciones
de materias primas tropicales. Y todo ello sucede con
el telón de fondo del desplazamiento progresivo
de los bosques nativos respecto de las plantaciones
en la oferta mundial de madera.
En el contexto reseñado, existe consenso entre
los especialistas acerca de que el futuro balance oferta-demanda
en materia de recursos forestales será, en el
mejor de los casos, ajustado o incluso negativo. De
hecho, un reciente estudio canadiense mencionado en
el PRAIF-II (Proyecto Regional de Alternativas para
la Inversión Forestal – II), estimó
que en el mercado internacional de latifoliadas (categoría
a la que pertenecen las especies de Eucaliptos) el déficit
podría situarse en los 142 millones de metros
cúbicos en el año 2010 y trepar hasta
los 200 millones de metros cúbicos en el 2020.
En ese escenario dominado por la dinámica de
los mercados, los crecientes niveles de demanda y las
severas restricciones de la oferta maderera, está
cobrando creciente relevancia el suministro de países
cuya madera proviene de plantaciones y cuya capacidad
de procesamiento de esa materia prima se desarrolla
con absoluto respeto a los criterios internacionales
de competitividad.
El mundo está siendo fuertemente receptivo a
la aparición de nuevos actores caracterizados
por la alta productividad de sus tierras forestales
y por sus ventajas comparativas para implantar cultivos
de rápido crecimiento.
Aún cuando la actividad de forestación
a niveles significativos todavía constituye un
proceso reciente en el país, Uruguay es una de
las naciones que exhibe innumerables ventajas naturales
para el desarrollo forestal y que ha modernizado su
legislación en la materia de modo de asumir el
desafío de la competencia. En el cuadro adjunto
se aprecia lo incipiente del proceso forestal del país
en relación con los tradicionales. |